Qué hacía sin blog?

Muero por decir que estaba haciendo algo fantástico, viviendo y practicando la utopía. Lo que hacía y he hecho desde que llegué a Chile es bien simple: trabajar y pololear. Supongo que exponerlo tan de rompe y raja pierde sabor pero es la pura y santa verdá. Se infiere que tampoco es tan así, reducirlo TODO a dos palabras remece los cimientos de la juventud que he comenzado a dejar atrás, los placeres a los que mi gozadora ser se entregó en mucho cuerpo y poca alma se sostienen enérgicamente de un delgadito hilo que tira pa las noshes de antaño de las que puro quedan los amigos que no besé y no culié. Sé que registré en el blog mi sufrimiento adolescente al no tener y no alcanzar la posibilidad del goce rutinario de trabajar y pololear. No se me daba y lo veía como una weá terrible porque sentía que mi hedonista persona era incapaz de quedarse. Cómo pude perderme en ese deseo tantos años?! Cómo pude pedirle al Cosmos un pololo y un trabajo como quien añora al mago luego de frotar la lámpara pa pedirle tres deseos, de paso un millón de dólares pa que no hubiera que trabajar tanto. Todo para mi y nada para ti. Taba pitiá. Qué son esos sueños y expectativas de qué vamos a ser cuando grandes, en qué vamos a trabajar, qué son esos deseos famélicos de sentido, quién me los programó, quién los puso ahí. Qué diga quién fue, qué de la cara!

Lo hermoso fue cuándo ya me detuve a reflexionar al respecto de los deseos ridículos y apareció Nico: su corazonsote, sus ojitos de aceituna que me miraban como perrito… Aunque traté no logré espantarlo y nos fuimos quedando el uno con el otro en natural devenir, encontrándonos en la micro, yendo a carretear juntos, durmiendo abrazados por las tardes, llorando las películas. Me quedé con Nico justo cuando encontraba la raja estar sola y había comenzado a reconocer el amor que le tenía a mis lecturas y a mis paseos en silencio, caché que me amaba a mí misma caleta, con pasión y que quería hacer lo que había decidido cuando chica: que iría a Australia por un año. Me fui con lo que tenía y partí toda envalentoná. Allá me pasó de todo en el disfrute total y absoluto. Solo me reprimí un poco el registro porque sólo había tiempo para ir a entregarse a lo que viniera, paré de escribir un buen rato porque pa qué po’: pa poner todo sobre mis viajes en facebook, mis fotos con la gente que conocí y con la que hablé y además pedirles sus facebooks y esa weá de mentira de sí, te contacto después y puras pescás. No pasa na’ watcho.

Cuéntenme una historia original!

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